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Jaime-Muniesa

A MI QUERIDO HERMANO

A MI HERMANO (Barcelona a 11 de diciembre del 2013)

Te fuiste discretamente

en silencio, sin bullicio,

y tan repentinamente

que no te dije ni adiós. 

Te marchaste de esta vida

como aquel que tiene prisa

dando un tremendo portazo

que me partió el corazón.

El susto invadió mi cuerpo

que estaba desprevenido,

y cual rio desbordado 

el dolor me embargó.

En mi mente se mezclaron

confusos muchos recuerdos

inolvidables momentos

que vivimos tú y yo.

Quise gritar y no pude

las voces se me apagaron,

y de mi árida garganta

solo un sollozo salió.   

Desconcertado y triste

quise encontrar un motivo,

un asomo, un resquicio

una razón, un porqué.

Pero a mi mente embotada

por el dolor de la muerte,

ausente la coherencia

le faltaba lucidez.

Mis ojos humedecidos

entre lágrimas miraban

 una rama desgajada

del árbol que éramos tres.

 Y en mis oídos sonaban

las voces tiernas, antiguas

trayendo a mi memoria

ecos de nuestra niñez.

 El árbol ya no es el mismo,

pues del tronco malherido

a chorros se va la salvia,

falta la rama mayor.

Con dolor esperaremos

hasta que a nuestro árbol llegue

con su hacha despiadada

el tirano leñador.

JA.MU.MO.

los puerros

La geometría lineal a primera vista o a bote pronto como se suele decir ahora, parece ser una cosa sencilla; podríamos decir, (si fuéramos eruditos) que es como una geometría monótona y sin alicientes; pero con aseveraciones como estas irremediablemente caeríamos en un error monumental. No nos equivoquemos tal como lo han hecho durante siglos y siglos ilustres y prestigiosos matemáticos y geómetras, y sepamos de una vez por todas que la geometría lineal es una de las ciencias más complejas y de difícil comprensión, sobre todo en materia de geometría aplicada y sin aplicar.

La geometría lineal se pone en evidencia y se demuestra en plantaciones de árboles frutales o no, en formaciones militares regulares o no, en los tendidos eléctricos o telegráficos estatales y privados, sin embargo y sin despreciar para nada lo anteriormente enunciado, la geometría lineal propiamente dicha, donde alcanza su máximo esplendor es en las plantaciones hortícolas y sobre todo en la plantación de la planta perteneciente a las liliáceas llamada puerro.

La distancia longitudinal entre un puerro plantado y el siguiente en teoría debería de ser igual a la distancia longitudinal de este primero al puerro plantado precedentemente, pero esta exactitud longitudinal casi nunca se consigue y en la mayoría de los casos es desigual, es decir y para que lo entiendan hasta los más cretinos, que en cuestión de plantaciones de puerros no puede haber una ley geométrica severa y rígida, aquí los teoremas de Tales y Cuales, el binomio de Newton, el triangulo de Pascal o los planteamientos de Euclides no tienen cabida; por lo tanto no existe una obligatoriedad por la cual se deba respectar estrictamente la equidistancia entre los puerros de una misma plantación.

Con esta aclaración queda demostrado que la distancia longitudinal entre los puerros de una plantación por grande que esta sea, aunque a primera vista parezca que una uniformidad completa existe, si examinamos exhaustivamente la plantación observaremos anomalías diferenciales en la distancia de los puerros plantados, y comprobaremos sin dificultad que la distancia exacta entre ellos es siempre desigual.

Fijaros lo fácil que es llegar a esta conclusión, y sin embargo, ¡cuántos miles de tinteros se han gastado y derramado sobre los pupitres escolares a través de los siglos! ¡Cuántas ecuaciones matemáticas, algebraicas y trigonométricas no se habrán hecho a lo largo de los múltiples lustros, y cuantas bofetadas y reglazos no habrán sacudido los maestros nacionales y extranjeros sobre las mejillas y las manecitas candorosas de los niños nacionales y foráneos; miles de estériles discusiones y millones de controversias en balde! Da grima pensar que esta cuestión durante tantísimos años, cientos o casi miles, ha sido el centro de todas las disputas filosóficas que han ocupado la sesera desde los más ilustres pensadores de la antigüedad hasta los tontos mas cretinos de la modernidad actual. Pensad en Euclides, en Newton y su binomio, en Pascal haciendo triángulos, en Tales, uno que vivió en pareja con su amiguito Cuales, hace mas de veintidós siglos, pasando todo el tiempo haciendo teoremas y otras cosas, Pitágoras, otro que tal, Arquímedes no les iba a la zaga y tantos otros sabios de la edad antigua, media y contemporánea. Este asunto ha sido centro de debate tanto en las ágoras y universidades como en las tabernas.

Pero así es la vida, y es que pasamos la mayor parte de ella haciendo inútiles cábalas, diciendo o lo que es peor escribiendo memeces sin fundamento y silogismos absurdos; vivimos desde que nacemos hasta que morimos calculando inútilmente, calculamos por ejemplo, que si un grifo tiene una pérdida de una gota de liquido cada segundo y medio, y esa gota que pierde cayera en una piscina olímpica en el espacio de setecientos setenta y cinco siglos podría llenarla; así de claro, y nos quedamos tan frescos, calculamos que si dejásemos de fumar (con lo que nos gusta) y ahorrásemos las seiscientas rupias por mes, que es rupia arriba rupia abajo lo que nos gastamos, en unos veinticinco años ahorraríamos el suficiente dinero para comprarnos una bicicleta de las buenas, una todo terreno, o incluso de carreras.

 Contando que ya tenemos setenta y seis años cumplidos, esto nos llevaría a ciento un años, y yo digo que debe de ser curioso el ver un centenario subiendo o bajando montes y cañadas en V.T.T. sería  como para morirse de la risa.

Por lo tanto y cuanto y por lo aquí expuesto, afirmo y me atranco en que la equidistancia entre sí de los puerros, como los grifos que cierran mal y el montar en bicicleta a cien años cumplidos me la traen floja, no quiero calcular; es domingo, hace un tiempo esplendido, es la una y veinte minutos de la tarde, la mesa ya está puesta, una docena de ostras con su albariño correspondiente, sopa de pescado de primero, y rape a la americana de segundo con su rosé de Provence, luego una isla flotante, café, armagnac  y un buen cigarro, y si a los cien años no me puedo comprar la bicicleta todo terreno de las caras, con muchas velocidades, pues nada a grandes males grandes remedios, continuare con mi Peugeot.     

san Jorge

Después de tanto hablar de unos y otros o de sí mismo, ahora señoras y señores viene la cereza encima del pastel, porque vamos a hablar nada más ni menos que del santo patrón de Aragón san Jorge de Capadocia.

         Este santo varón vivió en el siglo IV, y al parecer según las crónicas y la señora Robles ciudadana de Calanda, Jorge era un aristócrata muy rico, y también muy tozudo, y por todo ello, para que veáis que la gandulería viene de lejos en esta elite social, Jorge no hacía caso a nadie e incluso desoyendo los consejos de su pobre madre no estudiaba ni le daba un palo al agua, es decir que era alérgico al "curro", él solamente se dedicaba montado en su caballo blanco con la bolsa bien de dineros a ir de un sitio para otro sin destino fijo. Un buen día lo que son las cosas, salio de Capadocia que era su tierra natal y al paso, al trote y a ratos al galope de su caballo llego a Silca que era una ciudad de Libia (otros dicen que fue en Beirut, que es Líbano) pero eso no tiene la menor importancia, la cuestión es que en esa ciudad había un gran lago y en ese lago moraba un fiero dragón que tenia acojonados a los habitantes de dicha ciudad. El muy borde, fijaros si era hijo de p...erra, que exigía para no cometer destrozos imprevisibles, que todos los días le fueran suministradas para su manutención cotidiana dos ovejas o carneros que para el caso es lo mismo, los vecinos de aquella ciudad aunque a regañadientes atemorizados puntualmente así lo hacían y lo hicieron, hasta que se quedaron sin ovejas ni carneros, entonces el dragón, que no quiso escuchar a nadie, exigió que a falta de ovejas le sirvieran una doncella gorda o dos delgadas diarias. Que os parece con el dragón de los huevos? Y aquí es cuando Jorge (que todavía no era santo) entra en acción.

Estaba recién llegado, todo sudoroso el futuro santo tomando un piscolabis o tente en pie bien regado con un buen porrón de vino de la tierra en una taberna de aquel pueblo, cuando unos parroquianos comentaron que el día siguiente la hija del rey sería entregada al dragón, porque por sorteo le había correspondido servir de almuerzo comida y cena al goloso monstruo. (Notad bien la liberalidad de los antiguos reyes) Curioso Jorge quiso saber más sobre el comentario de los parroquianos y estos muy gustosos pusieron al futuro santo al corriente con pelos y varias señales de lo que en aquella ciudad acontecía, apenas Jorge tuvo noticia detallada de ello que pago religiosamente su ágape mas una ronda para los parroquianos allí presentes y montando en su blanco corcel se dirigió al lago donde moraba el dragón.

Tan pronto como llego Jorge a las inmediaciones del lago ya vio a la princesa atada a una roca; la bella princesa estaba temblado, lívida sin poder articular palabra esperando desesperada a ser devorada por el monstruo. Acércose Jorge y sin bajar del caballo de esta manera le hablo: -No temáis daño alguno fermosa princesa, que con la valentía de mi espíritu y la fuerza de mi brazo aquí estoy yo para defendeos-; dicho esto Jorge (que todavía no era santo) desenvaino su reluciente espada y de un tajo certero corto la cuerda que aprisionaba la princesa; ya sois libre señora para hacer lo que os plazca, y ahora esperemos a que salga ese dragoncillo para hacerle saber lo que vale un peine.

Plántose Jorge lanza en ristre en la orilla del lago y espero a que saliera el temido dragón, el cual en efecto no tardo mucho rato en hacer presencia; Jorge lo noto porque aquella bestia olía que apestaba, el monstruo al ver el caballo, vete a saber porque, igual creyó que se trataba de una oveja tremenda y con las fauces abiertas de par en par se abalanzo sobre él, pero Jorge que hubiera valido para rejoneador, sorteo con arte taurómaco la embestida y con simultaneidad inusitada le metió un rejón de más de media lanza en el costado derecho que dejo mal herido, desmoralizado y sin fuerzas al terrible y cruel dragón, luego ya con la bestia hecha polvo descabalgo y con la cuerda que había servido para atar a la princesa Jorge en un plis-plas fabrico un collar y se lo paso por el cuello (al dragón) el cual con los ojos desorbitados y atónito perdido no llegaba a comprender lo que le había ocurrido; una vez enlazado el dragón Jorge se lo entrego a la doncella, la cual lo llevo hasta el pueblo como el que lleva a un perrito faldero.

Queridos amigos. Que alegría, que alborozo tuvieron los vecinos de aquella ciudad al ver aquel fiero dragón que había diezmado sus rebaños y sus mozas. (Gordas y delgadas) Allí mismo en la plaza mayor se formo la juerga, allí los roscones de viento, allí los buñuelos, allí las madalenas, allí los almendrados y tortas de alma, allí el moscatel, la mistela y el anís del mono y allí sin más contemplaciones los vecinos de la villa dieron muerte acabando con la vida del dragón, principal causa de la despoblación de la ciudad, después de la emigración económica.

Conclusión conclusiva o Colorín colorado: Jorge lo tenía a huevos y si no hubiera sido tan tonto y cabezota hubiera podido casarse con la princesa, que por cierto estaba buenísima, además de súper forrada de cuartos y heredera del trono por ser hija única, eso sería lo normal que ocurriese en esta clase de cuentos con final feliz. Pues no. Fijaos si era cabezón el futuro santo, que sin ni siquiera participar en la fiesta o por lo menos intentar pillar cacho, como hubiese hecho cualquiera, desoyendo las suplicas de su majestad el rey, los ruegos de su majestad la reina, las numerosas peticiones de trece ministros y otros tantos secretarios de estado, a las en el cual voluntariamente se sumió hace ya siglos, con un patrón tan tonto como San Jorge, un hombre que en vez de aprovechar la ocasión para casarse con una bella princesa rica y heredera, y llegar a ser mas tarde rey para vivir como tal, prefirió sufrir tremenda tortura y finalmente morir cortado en dos o sea decapitado. Yo la verdad, o esta historia es apócrifa o no lo entiendo. Lo dejo a sus criterios.

 

cuales se unieron las del cuerpo de bomberos en peso, de la corporación de limpiabotas, de ocho municipales, seis serenos y tres borrachos, de un cabo de cornetas reenganchado, de un buzo con la escafandra bajo el brazo y un dulzainero, la corporación de madres solteras, he incluso sin apiadarse de los lloros y gemidos de la princesa que se había enamorado como una loca del caballero Jorge, siempre guiado por su congénita tozudez, sin hacer el menor caso ni siquiera volver la cabeza se marcho a otros lares adonde siempre por su cabezonería y por meterse en asuntos religiosos fue salvajemente torturado y para acabarla de joder decapitado.

Y este señoras y señores es el hombre que los aragoneses escogieron como santo patrón. Como si no hubiera otros más listos. Pero así es la historia y así debemos contarla, que le vamos hacer. Como queréis que la nación aragonesa salga del pozo

 

JOTAS

JOTAS

Aquí van veinticuatro jotas que se me ocurrieron hace unos días mientras sembraba las habas y los bisaltos, ya veis que para hacer pareados cualquier ocasion es buena; para hacer el chorras también.

           Y respondiendo a la consulta de ese muchacho que me preguntó lo que pensaba del Rock and Roll que se practica por el bajo Aragón, le diré, sin menoscabo de nadie, que en calidad musical es comparable y me parece similar a la que tienen los melocotones ingleses. Cuidado,no confundir; el ruido es alboroto y algarabia, (con acento en la i), y el sonido es armonia y otras cosas "mu majas".

          Y ahora a lo nuestro que es la jota y dejémonos de "rocanroles" y otras chorradas foranas.

1

Soy nacido en Alcañiz

en la provincia Teruel

en el reino de Aragón

mas maño no puedo ser.

2

Alcañiz monte y olivas

Alcañiz prescos y huertas

en septiembre hay latones

ginjoles y manzanetas.

3

Si para semana santa

te vas Alcañiz de fiestas

veras tocar los tambores

y volar las palometas.

4

Las calles están azules

los tambores repicando

en medio va Catalán

con su corneta tocando.

5

Un día tiene Alcañiz

que no tiene el mundo entero

es el día el choricer

que cae en jueves lardero

6

Cuatro amigos tuvo el “Chato”

lo más grande de Alcañiz,

Garretas, Sergio Llisterri,

Arturo y Angel Garin.

7

Ya son las fiestas del pueblo

la banda toca la diana

parece que ahora estoy viendo

a don Francisco Miñana.

8

Tres cosas en Alcañiz

admiran siempre las gentes,

la colegiata, el castillo,

y en la glorieta la fuente.

9

Ya suena la cabritera

delante el ayuntamiento,

que majos van el alcalde

el concejo y los maceros.

10

Soy pobre, pero no tengo

envidia a ningún rico,

pues puedo ir a merendar

los domingos al masico.

11

En una ciudad francesa

tocando en un cabaret

encontré a Mariano Pina

y tambien Jesús Poler.

12

Emulaste a Paquirri,

al Yiyo y Manolete,

a ellos los mato un toro;

y a ti Molina un volquete.

13

Bebiste mas que pudiste

del vino fuiste goloso,

enamoraste a las musas

poeta Pina alias “Morros”

14

Alcañiz tuvo un barbero

que fue un hombre singular

Llisterri torero y diestro

en el arte de afeitar.

15

El olor de los tomillos

de los montes de mi pueblo

es como una bendición

que te llega desde el cielo.

16

La fuente de la Glorieta

setenta y dos caños tiene,

miran la mitad al Kiosco

y la otra mitad al puente.

17

Guadalope no eres Nilo,

ni Sena, Ebro o Rhin,

pero riegas los presqueros

que hacen famoso Alcañiz.

18

El castillo de batallas

muy pocas os contara

pero de besos y abrazos

os contara mil o mas.

19

Todos los que aquí están

por su pie nunca lo hicieran

maestros y discípulos

hoy son solamente tierra.

20

El castillo es tu historia

y la plaza tu nobleza,

el río es tu pulmón

y la estación tu vergüenza.

21

Se ha reunido en la plaza

lo mejor de Alcañiz

Barañan y Ventureta

con Dionisio el “aguacil”.

22

Que bien suena la rondalla

con las bandurrias trinando

las laudes y guitarras

dirigidas por “Macaco”

23

Barrio viejo de las monjas

calle Teniente Moore

porches de los Almudines

cuando os volveré a ver.

24

Si al daros la despedida

que quiebra mi voz sentís

es la emoción que me embarga

cuando canto a mi Alcañiz.

 Aun se me ocurrieron otras, pero por no ser plasta o.... por lo que sea, las guardo en el tintero, quizás otro día si sois buenos chic@s, os las cante yo mismo.

Recuerdos p’a la familia y hasta otra.

AMADO VERBO INDIGNAR

Yo estoy indignado

tú estás indignado

él está indignado.

Singular del presente,

presente indicativo

del verbo indignar.

Yo debí indignarme

tu debiste indignarte

el debió indignarse.

Singular del pretérito,

pretérito indefinido

del mismo verbo.

Yo tú y él, debimos indignarnos,

cuando el tiempo era presente y propicio,

pero no lo hicimos.

La pereza, y la desidia

triunfaron sobre el espíritu

y secaron los regadíos.

Ahora el presente indicativo

es puro folclore, no más

y el futuro, indefinido e incierto.

No busquemos culpables,

mirémonos en el espejo de la verdad

y asumamos nuestra ineptitud.

Reconozcamos que no supimos

gestionar la ocasión de ser felices,

ser felices para siempre.

Confundimos lo útil y lo superfluo,

la urgencia con el ya veremos,

y lo preciso con el Dios dirá.

Derrochamos lo que no teníamos

cayendo con frenesí en el consumo,

rindiendo culto al becerro de oro.

Acudimos crédulos a los templos

y creímos los oráculos

viendo esperanzas donde había falsedad.

Anduvimos ciegos, sin darnos cuenta

que el mármol era alabastro

y la tierna alondra, era duro gavilán.

Aquella bonanza fue efímera,

pasajera cual nube de verano

que solo dejó un chaparrón.

Un fugaz chaparrón que no dio tiempo

ni para abrir el paraguas

y agarramos una fuerte congestión.

Hoy estamos, postrados de rodillas

esperando sumisos a ser uncidos

y amarrados al yugo esclavizador.

Prestos para arar las tierras,

y para besar las manos

del amo nuestro señor.

No debemos de indignarnos,

debemos estar contentos,

trabajar y olvidar la instrucción.

Verbos, adverbios, pronombres.

adjetivos, participios, futuros,

subjuntivos, pretéritos y preposición.

Reglas de la ortografía

la prosodia y la sintaxis

son cosas sin ton ni son.

No debemos indignarnos,

y ser lo que siempre fuimos

analfabetos completos........... y tontos de profesión.

LA MIRADA DEL TORDO

 

 

UN RELATO DE MANUEL MUNIESA MONZÓN

 

          Yo en esos tiempos a pesar de la rudeza de aquellos años era un niño feliz. En aquel mes de diciembre del año cuarenta aún faltaban cuatro meses para cumplir mis diez años, estos no los cumpliría hasta el diecinueve de abril del próximo año, sin embargo pese a que han pasado tantos años, todavía permanece vivo en mi cabeza el recuerdo de aquella mañana de caza; mi primera cacería.

         Hoy han pasado más de sesenta años. Los tiempos, los usos y las costumbres han cambiado por completo, han cambiado tanto que  tengo la impresión que a los jóvenes lectores les costara trabajo situar y comprender el relato de aquella cacería.

         Creo sinceramente que debido a la penuria y rudeza de los tiempos de posguerra, los chicos en aquellos difíciles años, no es que fuéramos más inteligentes que los chicos actuales, porque eso sería imposible de demostrar en todo punto, además de ser ciertamente incierto, además hoy estoy convencido que la inteligencia no tiene nada que ver con la listeza, pero de lo que si estoy seguro es de que si no éramos mas inteligentes, por lo menos éramos mucho más espabilados, más pillos y sobre todo más busca vidas, haciendo bueno el refrán que dice que, la necesidad o el hambre agudizan el ingenio.

         Ese invierno de 1940—41 era muy rudo, como casi todos los inviernos de aquellos tiempos, porque digan lo que digan los eméritos sabios climatólogos, el clima en sesenta años ha cambiado una barbaridad, en la actualidad no nieva ni hace el frío que hacía en mis jóvenes años, cuando en invierno los ocho o diez grados negativos eran cosa corriente en Alcañiz, y no hablemos de Teruel y alguno  sus pueblos cercanos donde las temperaturas llegaban fácilmente a los dieciocho o veinte grados bajo cero.

          También podría ser que en estos tiempos de confortable bonanza, abundancia y de consumo exagerado, el frío lo notemos menos, debido a que ahora estamos preparados con buen calzado, confortable ropa interior y estupendos abrigos y polares que desafían las bajas temperaturas; de cualquier manera y a pesar de los muchísimos años transcurridos, recuerdo perfectamente que en el pueblo todos los años caían dos o tres fuertes nevadas, quizás lo recuerde con precisión porque desgraciadamente en aquellos años de estraperlo y escasez, la mayoría de las gentes no disponíamos del calzado ni siquiera de la ropa adecuada para afrontar la rudeza de aquellos largos y fríos inviernos, a los cuales se juntaba la hambruna reinante en el país. En mi casa por suerte no sobraba nada, pero el hambre pasaba por delante de la puerta sin lograr ni siquiera pisar el patio.

         Aquella mañana del día veintisiete de diciembre las calles del pueblo y la placeta de las monjas, en la cual estaba situada la casa donde vivíamos, amanecieron vestidas de blanco debido a la espesa capa de nieve que había caído incesantemente durante casi toda la noche.

         Mi hermano Jaime cinco años más joven que yo, subido en una silla y yo de pie cuidando de que no cayera, mirábamos extasiados por detrás de los cristales del balcón de la cocina, la blanca plaza con su helada fuente, mientras nuestra bendita madre nos calentaba la leche y nos tostaba pan para el desayuno, todo ello en la cocinilla económica de carbón que ejercía de cocina y calefacción continua, gracias a que mi padre era ferroviario y se encargaba de que el carbón nunca faltara en casa.

         Llamaron en el picaporte de la puerta que era aquella manita agarrando una bolita de hierro, y mi madre bajo para abrir y saber quien llamaba; ya sentados Jaime y yo en la mesa delante del humeante tazón de leche con chicoria, el pan tostado y el tarrito de mermelada o miel de la buena, escuchábamos vagamente algunas voces pero no atinábamos a adivinar de quien se trataba, finalmente nuestra curiosidad se vio colmada cuando se abrió la puerta y detrás de mi madre entró mi tío Alberto en la cocina.

         Se trataba del hermano menor de mi madre pero debido a la gran diferencia de edad que existía entre ellos, en vez de tío, soltero todavía, mejor parecía un hermano mayor. El era quien me guiaba y me enseñaba las cosas del monte casi todos los veranos, cuando yo, durante las vacaciones escolares, con permiso de mis padres solía ir a pasar algunos días en el monte con mis abuelos maternos y él que todavía soltero vivía en la casa paterna, montados en el carro íbamos a cosechar a una finca propiedad de mis abuelos, situada a dieciocho o veinte kilómetros del pueblo, en la partida llamada el “más de caballo”, en ese agreste y perfumado monte, mis abuelos poseían extensos bancales de buena tierra de secano, los cuales sembraban de cereal tal que el trigo, cebada o avena. También en esa finca poseían una masada, (masía) bastante grande donde hacíamos la vida durante los dias veraniegos de cosecha.

          Alguna vez cuando la noche era muy cálida y el cierzo (viento del norte) no levantaba, dormíamos en la era, a mi particularmente me encantaba dormir allí, encima de los paños sobre la paja recién cortada por el trillo, con los ojos fijos en los millares o millones de estrellas que brillaban en aquel cielo límpido de verano, hasta quedarme dormido. Recuerdo el olor del monte de mi niñez, el tomillo, el romero, las ontinas, los pinos, recuerdo todos esos aromas silvestres y sobre todo el olor particular de los huevos fritos, huevos de las gallinas que tambien veraneaban con nosotros, aquellos huevos fritos en aquel aceite de oliva único y en el fuego de crepitante leña era un puro manjar que mi abuela nos preparaba para almorzar. Si; no puedo remediarlo, recuerdo mi niñez, y los olores con nostalgia, con mucha nostalgia.

          Que felicidad, dar vueltas en la era montado en el trillo, tirado este por una hermosa mula, o ya por la tarde ir a dar agua a los animales montado en la imponente y mansa yegua. Con que poco nos conformábamos en aquellos tiempos, sin embargo aquello era más que suficiente para ser felices. Porque como alguien dijo y si no lo digo yo: la felicidad no consiste en poseer mucho, si no en no perder lo que se tiene. 

          Mi abuela Rosa amasaba en casa un pan blanco extraordinario, y mi madre también. El día que amasaban en casa había un trajín extraordinario, la víspera por la tarde cernían la harina y preparaban la masa de levadura, al día siguiente terminaban de preparar la masa y luego en el horno ya moldeaban el pan, también elaboraban ricas tortas de cerezas o membrillo o de nueces, dependiendo de la temporada; cuando no hacían tortas, nos fabricaban un exquisito “sequillo” que no era más que una torta elaborada con la misma masa del pan, pero enriquecida con el aceite buenísimo de olivas de nuestros olivares y azúcar, aquello recién hecho era lo más; pero bueno, bueno, que me pongo tierno, no nos dejemos llevar por la añoranza y a lo nuestro.

          Perdonen esta digresión y vuelvo con el permiso de ustedes al curso del relato que es mi principal objetivo.

          No parecía estar mi madre muy de acuerdo con lo que pretendía hacer mi tío, que era llevarme a cazar pájaros, tal como me lo había prometido hacía unos meses, los gestos de cabeza negativos de mi madre así lo confirmaban y no había lugar a dudas, pero finalmente ella que seguramente tenía un corazón como un baúl y no sabía como se decía no, terminó por ceder y mi tío muy contento de haber conseguido su petición, se despidió con un beso de nosotros y se fue con un hasta mañana.

          Un rato después de haber desayunado, observé a mi madre y la vi sacar de un armario un gran tapabocas, unos guantes de lana, un par de gruesos calcetines y unas antiguas botas de cuero que me venían algo grandes pero con un par de calcetines de suplemento el pie quedaba bien caliente y sujeto.

         Pasamos el día sin salir prácticamente de la cocina, que es donde mejor y más calientes estábamos  jugando o haciendo deberes, y por la noche, después de cenar me acosté algo nervioso pensando que al día siguiente por la mañana, toda mi pandilla o sean los hermanos Viruete, José Mari Maldonado, Manolo, Santiaguer y alguno más que ahora sesenta años después seguramente olvido y desde aquí pido perdón, algunos de ellos acompañados por sus hermanos mayores y yo por mi tío que ejercía de hermano mayor, iríamos al “masico” (una torre de mis abuelos) adonde intentaríamos atrapar pájaros empleando las ancestrales artes de caza como son los lazos, cepos y varetas.

          Aquella noche creo que dormí bastante inquieto y la pasé soñando que estaba implicado en una fabulosa cacería o conquista de algún castillo moro guardado por terribles fieras y cientos de sarracenos, allí se mezclaban los reptiles fabulosos de siete cabezas echando fuego por sus siete bocas, con imponentes leones, panteras y tigres, en fin todo un peligrosísimo safari y batallas sin cuento, donde yo ejercía de Guerrero del Antifaz y debía salvar a la bella Zoraida cautiva en manos de un reyezuelo moro dueño del castillo.   

           Pasó la noche con sus oníricas batallas, de las cuales a pesar del muchísimo peligro gracias a Dios salí ileso, y amaneció el día, frío, pero radiante de sol, sobre las ocho y media de la mañana llamó mi tío a la puerta y reclamó mi inmediata presencia, yo que ya hacía un rato que estaba listo, le di un beso a mi madre, agarré el almuerzo envuelto en papel de estraza que ella me había preparado y baje como un rayo las escaleras, abajo ya estaban todos los expedicionarios esperándome, y sin más dilación contentos como unas pascuas por el muro de santa Maria llegamos al puente y después de cruzarlo, por la carretera de Zaragoza dejamos atrás las “eras de la cosa” y seguimos andando un buen rato hasta llegar al “masico”, en total poco más o menos tres kilómetros que andados por la nieve y para colmo la mayoría de la cuadrilla mal calzados era un palo gordo. Pero es cosa sabida, que la ilusión en muchas ocasiones es tan fuerte, que vence al sufrimiento.

         Una vez dentro de la casa los mayores encendieron un fuego vivificador con ramulla y leña, que buena falta nos hacía calentarnos después de la caminata pisando la nieve, la verdad es que todos teníamos las manos y los pies helados; bueno, yo menos, gracias a los guantes y al suplemento de calcetines no podía quejarme demasiado del frío y unos viejos e inusables borceguíes que nadie sabía de donde procedían pero aunque muy antiguos no dejaban pasar la humedad a los pies que ya era mucho. Sentados alrededor del fuego poco a poco fuimos entrando en calor y sin movernos de allí almorzamos todos en muy buena armonía cambiando entre nosotros algunas viandas del almuerzo que nuestras respectivas madres nos habían provisto, incluso los pequeños vista la temperatura ambiente, tuvimos derecho para resistir el frío a un traguito de vino.

         Acabado el almuerzo los “grandes” entre risas y bromas más o menos maliciosas, con caras de satisfacción, convencidos de que la caza iba a ser súper fructuosa, sacaron de los sacos y bolsas cantidad de cepos, varetas y vizco para untar. Aquí quiero aclarar que la varetas son un vegetal parecido al esparto aunque algo más grande, diríamos una especie de pequeños juncos secos, a las cuales se les embadurna con “bizco” o “bisque” (liga), que es un jugo muy pegajoso que se extrae de las bolitas blancas del muérdago, al cual para aclararlo se le añade aceite, si este es de nueces, mejor.

         Pues bien, salieron los mayores del “masico” pertrechados con todo lo necesario, para cazar inocentes pajarillos muertos de hambre, los cuales se lanzaban como locos a comer el cebo, aparente y tentador encima del montoncito de tierra disimulando el cepo, o al ribazo donde estaban plantadas las pegajosas varetas y no tardaron en volver trayendo muertos varios pájaros, gorriones, tordos, colirojos, pinzones y algunos más cuyos nombres ignoro. A mi contrariamente a la alegría general que ocasionó aquella primera entrega, delante de aquellos miserables pajarillos muertos se me encogió el corazón y ya empecé a tener serias dudas si aquella matanza sería de mi agrado.

         Volvió mi tío muy contento con una media docena de pájaros cazados y me animó a seguirle en la siguiente expedición, yo la verdad no estaba muy convencido pero por no parecer demasiado pusilánime acepté y seguí a mi tío el cual me puso un puñado de varetas en la mano y me enseñó a pararlas. Las varetas se ponen un poco clavadas en el suelo apoyadas contra una calzada de tosca mampostería, un ribazo o bien contra el tronco de un árbol, donde no suele haber nieve, debajo de ellas se ponen a modo de cebo unos granos de trigo, migajas de pan, maíz y hasta incluso caracoles, lombrices o gusanos, los cuales atraen a los volátiles animales sean estos granívoros o insectívoros quedando atrapados con las plumas pegadas en las varetas.

         Todavía me tiemblan las manos al pensarlo. Nada más colocar algunas varetas en un abrigo libre de nieve contra una calzada echa con grandes piedras, bien provisto de cebo el engaño, casi sin tiempo para esconderme  un inocente y hermoso tordo se lanzó a por el cebo y como no podía se de otra manera quedaron atrapadas sus hermosas alas pegadas en el “vizco”, buscaba el animal zafarse de aquella trampa dando bruscos movimientos, pero contra más se revolvía más varetas se pegaban en sus alas. Que susto debía de llevar el pobre animal y que mal lo estaba pasando a juzgar por sus chillidos que a mi parecer clamaban piedad al cielo.

          Cuando desde mi escondite me acerque para cogerlo, había en mi  una mezcla de ilusión por haber cazado el primer pájaro de mi vida, al mismo tiempo que sentía en mi ser una compasión sin límites por aquella hermosa avecilla, que minutos antes volaba libre como el viento y ahora se debatía con uñas y pico por recobrar la libertad sin razón perdida. Cuantos hombres  perecen atrapados en las varetas tendidas por ideólogos de todas las ideas y confesiones, cuantos luchan en este mundo injusto por sacudirse las varetas que los oprimen y esclavizan, todos ellos casi siempre luchando por los mismos motivos que aquel infeliz tordo.

          Me acerque a él y asustado tras debatirse como pudo, sus fuerzas se acabaron y quedo paralizado en la nieve circundante, lo agarré con mis enguantadas manos y pude comprobar con que fuerza latía su corazón lo cual aceleró el mío, empezaba a incorporarme cuando con inusitada rapidez el ave quizás en un desesperado último intento, sacando fuerzas de flaqueza se lanzó contra mi cara y me dio un fuerte picotazo en la frente, lo sujeté fuertemente y llamé a gritos a mi tío avisándole que tenía un tordo cogido, en ese instante mismo me di cuenta de el inmenso horror que debía de sentir aquella criatura, llegó mi tío muy alegre y con habilidad le quitó un par de varetas que todavía tenía pegadas el animal y ya le iba a retorcer el pescuezo cuando observó que por mi frente corría un hilillo de sangre, me preguntó como me había hecho la herida y yo le dije que era el tordo que me había picado.

         Mi tío me miro fijamente y vio lágrimas en mis ojos, me pregunto si me dolía y le contesté casi llorando que no era nada. Lo que me dolía y me partía el corazón era quitarle la vida a aquel hermoso pájaro, que no era culpable para nada de la maldad parece ser innata en los humanos. Aunque esto último solo lo pensé.

         Sin embargo ante mi actitud, algo debió de comprender mi tío porque con el tordo en la mano dispuesto a retorcerle el cuello me preguntó:

          Manolo, si tu quieres lo suelto,  ¿quieres que lo suelte?. Debieron de ser mis ojos los que dijeron que si, porque yo no recuerdo haber abierto la boca para nada. La cuestión es que mi tío avezado y experto parador de cepos y varetas sin mediar palabra abrió la mano y dejo escapar el pájaro, el cual al verse libre salió como una flecha volando hacía la ansiada libertad que le ofrecía el espacio infinito.

         Yo, mientras miraba como se alejaba volando el animal, balbuceaba palabras de cariño y agradecimiento hacia mi tío, el cual tras curarme lo mejor que supo, me acarició, me dio dos besos en las mejillas y me recomendó de no comentar aquel episodio con nadie, porque era muy probable que aquellos buenos chicos no lo entendieran, no es que fueran unos salvajes; pero esa era la mentalidad en aquellos tiempos, sin contar para la mayoría de ellos esos pájaros eran un aporte alimenticio para la casa, y ya se sabe que con la comida no se juega.

         A pesar de los pesares aquellos tiempos siguen siendo para mí de feliz recuerdo. Desde aquel día ha pasado muchísima agua por debajo del puente de piedra, pero todavía recuerdo con nitidez aquel affaire de mi infancia. Y por supuesto jamás he vuelto hacer daño a ningún animal.

 

                                CAPITULO 2°    

 

         Hace unos diez años a  Marta – mi esposa- y a mi, nos apeteció ir a pasar las fiestas del Pilar a Zaragoza que es donde en esos momentos residía mi hermano, Uno de esos días de nuestra estancia fuimos a pasarlo en un huerto con su casita que poseía mi hermano a varios kilómetros de la capital maña. Sentados en el jardín de la casita, observamos como una bandada de tordos evolucionaba volando hacia donde estaban ubicados unos hermosos emparrados, todos ellos luciendo lujuriosos racimos de exquisitas uvas. Jaime viendo que aquellos desalmados venían con ganas de fastidiarle el día vendimiando las parras por la cara, dijo con cara de pocos amigos:

         - Espera que voy a por la escopeta y vas a ver la escabechina que voy a hacer, con un poco de suerte van a caer una buena docena de ellos, así sabrán lo que vale un peine, luego peladitos y escabechados nos los comeremos;  Satur los prepara muy bien, ya veras están de muerte.

          Me levanté de inmediato como si me hubiese picado un bicho en el culo y en tono de hermano mayor le dije imperativamente:

         -Ya te cuidarás tú muy bien de disparar contra esos pobres tordos.

          Mi hermano me miro perplejo y ante su interrogante actitud, agaché la cabeza otrora súper pilosa, actualmente casi calva y le enseñe la cicatriz diciéndole:

         - Ves esta cicatriz que tengo en la parte superior de la frente, no es el producto de una pedrada como todos pensáis si no un picotazo que me dio un tordo.

          Se echó a reír y tuve que ponerme serio para que comprendiera que lo que yo decía era la pura verdad, no contento del todo todavía refunfuñando dijo:

          -Todo eso es conmovedor y esta muy bien,  pero estos sinvergüenzas nos están jodiendo las uvas por el morro.

         -Bueno, bueno, en la vida todo tiene remedio menos la muerte que tu deseas para esos infelices, hay otra opción, -le dije- saca la escopeta y pega uno o dos tiros al aire, seguro que con el estampido de las perdigonadas los tordos asustados se van y quizás no vuelvan,  Jaime no muy convencido, a regañadientes obedeció y así sí lo hizo; la algarabía y el desconcierto entre los tordos al escuchar el tremendo ruido producido por los tiros fue grandioso, hasta el extremo que uno de los tordos, puede ser que desorientado vino hacia nosotros, realizó un vuelo rasante sobre nuestras cabezas, yo sinceramente creo que me miró y me pareció ver en sus ojos, un eterno agradecimiento, quizás por él y quien sabe tal vez por sus antepasados.

         Después de esto contentos como dos niños que miran la nieve al través de los cristales, nos acomodamos en sendos sillones y delante de un buen aperitivo servido por Satur -mi inefable cuñada-, le conté a mi hermano con pelos y señales  la totalidad de la odisea de caza que viví aquella mañana en el “masico” de los abuelos, así como la tremenda sensación de paz que sentí aquel cinegético día, ante el hermoso espectáculo que ofrecía la huerta, vestida de novia inmaculada el veintiocho de diciembre del año 1940, por cierto, día de los inocentes. Casi recién terminada la guerra entre españoles y firmada mi particular paz con los tordos. Creo con sinceridad que fue la primera vez en mi vida que descubrí la grandeza de la madre naturaleza y la incomparable hermosura virginal de la nieve impoluta y sin mancilla humana.       

 

Es un relato de Manuel Muniesa Monzón

Trascrito por Jaime Muniesa Monzón

                   Eysus diciembre de 2006

EL PODER MICROFISICO (revisionado)

 

EL PODER MICROFISICO

Desde su altísimo y magnífico pedestal, con voz resoluta dice el filósofo a los tontos que lo escuchan:

         Señoras y señores salud a todos, hoy voy hablar con el permiso de ustedes de los principios, finalidades y esencia pura del movimiento filosófico “ALTERNATIVA GEOMETRICA DEL PODER MICROFISICO .

          Bien, empezaré diciendo que el principio de todas las cosas, según algunos filósofos colegas míos, como por ejemplo, primero Sagleca y más tarde Ajarrob y sus seguidores, afirmaban rotundamente que el todo era una esfera, esta teoría tuvo vigencia durante dieciséis siglos, actualmente otros filósofos como por ejemplo Atenabar y Azabalac también colegas míos, aseguran potencialmente que el todo no era una esfera si no un hexágono; yo personalmente me inclino por esta última tendencia que en realidad y bien mirado no deja de ser hipótesis, pero me parece más plausible y ademas porque me da la gana.

En fin de lo que podemos estar seguros es que hasta aquel hipotético hexágono que campaba por el espacio galáctico a sus anchas, venidas de otros espacios siderales o de donde fuera, porque eso aquí no tiene la menor importancia, llegaron líneas rectas y escuetas las cuales colocándose en las vértices del hexágono construyeron triángulos, y en las vértices de estos triángulos se colocaron otras rectas formando otros triángulos, y de esta forma sucesivamente se formaron muchos triángulos, infinidad de triángulos, de cualquier rincón se sacaba espacio para crear nuevos triángulos, y con ellos, sin moverse para nada, como aquel que dice, se crearon  senos, cosenos, hipotenusas  y catetos en abundancia. 

        Tal era la profusión de estos elementos que en veintisiete mil novecientos y pico de años, es decir lo que tarda en realizarse una revolución astral o lo que vulgarmente llamamos la precesión de los equinoccios, el hexágono era un caos completo, una confusión enorme, colosal, un galimatías de lenguas diferentes, nadie se entendía con nadie,  sin autoridad todo el mundo hacia lo que le venía en gana, los irregulares escalenos, fuera de la ley campaban por sus respetos, los humildes equiláteros sufrían toda clase de insultos y vejaciones y los altivos isósceles si además eran rectángulos protegiendo a duras penas sus inofensivos catetos y la frágil hipotenusa, se limitaban a decir que aquello era la anarquía completa.

        Ante una situación desesperada y tal caos, sin saber a ciencia cierta el porqué, de repente estalló una sangrante guerra que duró cerca de cuatrocientos siglos, en la cual todos peleaban contra todos y por causa se eliminaron dos o tres mil millones de triángulos de todos los tipos, quedando en el hexágono al final de la contienda solamente seis triángulos, los cuales decidieron de común acuerdo vivir en paz de una vez por todas, acomodándose  equitativamente dentro del hexágono.

         Estos, que podríamos llamar triángulos colonizadores, se repartieron el hexágono a base de líneas rectas clavadas en las vértices del polígono y convergiendo en el centro, quedando el hexágono repartido a partes iguales en seis triángulos isósceles, eso sí, muy completos, porque habiendo sido todos ellos durante quince o dieciséis mil años triángulos rectángulos a parte entera, tenían derecho y por ello habían guardado sus senos, cosenos, hipotenusas y catetos correspondientes.

         Los Isósceles Zancudos, como ellos mismos se denominaron, vivieron varios siglos en paz, aunque como es natural no faltaron pequeñas escaramuzas sin consecuencias fatales entre el vecindario; problemas de envidia, xenofobia, ruido, religión, racismo y en fin lo normal entre vecinos. La cuestión es que cada día las disputas poco a poco se hacían más violentas, y por causa los alborotadores eran más numerosos, de manera que de lo que hasta allí habían sido solamente gritos pasaron a ser faltas mayores. Como dicen algunos colegas míos que no hay efecto sin causa, algunas conjuraciones empezaron a surgir entre los triángulos, los Isósceles del segundo derecha, junto con los del cuarto y el quinto derecha, empezaron a fraguar un golpe de territorio con el fin de apoderarse del territorio de los del primero y tercero izquierda,  ya que el del sexto era un marginal que no quería saber nada con nadie y no hubo medios para convencerle de entrar con ellos en batalla o por lo menos echar una mano.

        Aquello que empezó por insultos verbales y alguna pedrada, acabo en menos de nada, es decir en poco más de tres mil quinientos años, como era previsible en la segunda guerra hexagonal.

         Esta segunda guerra no fue tan larga como la anterior pero duro cerca de doscientos siglos, y al final los del segundo, cuarto y quinto se llevaron el gato al agua eliminando físicamente a los del primero y tercero. Con el del sexto aunque no había colaborado ni participado, es decir que se mantuvo neutral, no sabían qué hacer con él, por aquello de la repartición del territorio, ya que repartir el hexágono en tres sin perder la condición de Isósceles Zancudos les parecía tarea harto difícil; por eso y porque les parecía que era un poltrón mentecato, lo perdonaron y lo confinaron en el centro del hexágono como simple equilátero, perdiendo su condición de autentico Isósceles Zancudo y también desposeído de sus catetos e hipotenusa,  mientras los ganadores ocupando la periferia del hexágono seguirían ejerciendo el titulo de Isósceles a parte entera guardando todos sus títulos y atributos.

         Sin embargo y para que veáis como son las cosas y los giros que da la vida, quien hubiera podido predecir que aquel mentecato marginal desposeído de su titulo de isósceles y devenido monótono equilátero, pocos siglos después desde el centro a la chita callando, poco a poco iría devorando a los periféricos isósceles que despreocupados vivían disfrutando de la madre naturaleza sin dar un palo al agua. Pues bien así fue y en menos que se pasa de un signo astral al siguiente o sean unos dos mil y pico años, relativamente muy poco tiempo para lo que estamos hablando, el equilátero se merendó primero los senos y cosenos, luego los catetos y ya para acabar las hipotenusas, reduciendo los altivos y aristocráticos Isósceles Zancudos a la nada, y ya metido en harina el combativo equilátero también por si acaso las moscas se comió al hexágono completo.

         Amigas, amigos publico que me oís, o mejor me escucháis, por poco que a vuestro cerebro le queden ocho o diez neuronas, si no perfectas, si en buen estado, comprenderéis que este metamórfico y glotón triangulo equilátero, al quedar solo vivió a sus anchas, sin problemas, como un rey absolutista, haciendo y deshaciendo a su gusto, sin que nadie le enmendase la plana; pero las cosas queridos míos, no son como empiezan si no como acaban; veréis. 

          Al principio los senos, cosenos, catetos e hipotenusas habiendo sido hechos prisioneros vivían, aunque relegados, en un territorio pobre y casi estéril en armonía perfecta asumiendo su condición de esclavos; pero como el diablo no duerme, algunos de ellos empezaron a conspirar en contra la opresión triangular ejercida por el enorme equilátero, y en secreto varios de ellos firmaron un pacto de agresión continua hacia el opresor triangulo. Se crearon siempre en secreto cuadros de mando y se planearon tácticas de ataque contra los puntos más débiles del terrible triangulo.

         Los primeros ataques fueron contra una de sus rectas, la cual empezó a sufrir una  incómoda presión constante, una especie de agobio continuo y sofocante e incluso algunas agresiones físicas, pidió insistentemente ayuda a sus dos compañeras pero no la obtuvo, de forma que esta recta que aguantaba estoicamente el permanente acoso, comprendió que no podría resistir por más tiempo el agobio de sus enemigos y sin la ayuda de sus dos malas compañeras acabó cediendo por ambos lados; lo cual fue aprovechado por sus dos falsas compañeras, las cuales constatando la flojedad de la desgraciada sin miramiento alguno usurparon cada una por su lado todo lo que les pareció bien de la recta caída en desgracia hasta reducir la desdichada a menos de la mitad de su talla, y con ello queridos amigos, el triangulo equilátero que ya casi se había acostumbrado a su condición igualitaria, víctima de la ambición de dos de sus lados volvió a ser de nuevo triangulo isósceles rescatando todos sus catetos, hipotenusas y demas.

         Con el tiempo los dos grandes lados estudiaron en las mejores escuelas, perfeccionándose y una vez bien instruidos se hicieron todavía más grandes, mientras el lado pequeño no salía del barrizal en el cual lo había zambullido la ambición desmesurada de sus ex compañeros los “Catetos ambiciosos”,  pero como la ambición y la codicia no paran de noche ni de día, uno de esos catetos influenciado fuertemente por una intrigante hipotenusa, ladinamente ejerció su predominante influencia sobre el ignorante y débil minúsculo catetito, de forma y manera tan persuasiva que entre ese poderoso ambicioso  y la ayuda de la codiciosa hipotenusa le fueron comiendo el tarro al frágil y pequeño cateto, hasta que consiguieron  convencerle para unirse a ellos y hacer la guerra al otro grande que vivía sobre sus laureles, y fue así de esta forma que con la ayuda del ignorante pequeño, el grande ambicioso le robó al otro grande un trozo, el cual lo añadió al suyo, convirtiéndolo en cateto mediano, pero dejando al pobre pequeño que guerreo con denuedo más pobre que cuando empezó la contienda.

         El resultado final es que el primitivo triangulo Isósceles convertido por gracia de sus vecinos  en  equilátero, fue traicionado por dos sus lados y convertido en su primera versión de triangulo isósceles, para acabar por fin siendo un vulgar, desordenado pero poderoso triangulo escaleno.

         Queridos amigos  esta es la prueba irrefutable que solamente la ambición desmesurada y la ausencia de escrúpulos hace grandes a los hombres, mientras que el laborioso trabajador, honrado y sensato, aun ayudando al grande, no medrara jamás en su miserable y ruinosa posición; y esto para mi justifica la MICROFISICA DEL PODER o lo que sea. Está claro? Pues a ver si somos estudiosos y nos aplicamos el cuento, que ya está bien de hacer el chorras.

    Que os parece majetes, pa que luego digan que si los griegos, alemanes, romanos ni pollas…aquí en el pueblo también pensamos lo nuestro, faltaría más.

Jaime Muniesa Monzón geométrico micro físico.  



El DETERMINISMO Y EL TONTO TORCUATO

       Los filósofos que ya en un escrito anterior dije lo que pienso de ellos, pero por si acaso alguno de mis lectores no lo ha leído reiterare lo dicho, diciendo que me parecen personas ociosas y poco productivas, hombres y mujeres que pasan su vida discutiendo y contradiciéndose los unos a los otros con discursos que ni ellos mismos entienden y que no tienen otra finalidad que la de marear la perdiz y vivir sin dar un palo al agua.

      Filósofos los hay de todos los colores y para todos los gustos; creyentes, ateos, materialistas, metafísicos, cínicos, académicos, estoicos, dadaístas, existencialistas, nihilistas, comunistas, racionalistas, empiricos, anarquistas y… etc.etc. aquí cada cual intenta crear a base de proselitismo su corriente, y contradiciendo a los que afirmaban lo contrario, mira de vivir sin currar.

      Pues bien afirman algunos de estos filósofos católicos o cristianos como Pascal, y otros como por ejemplo Kant y sus seguidores que no se debe de mentir jamás, ni siquiera cuando decir la verdad pueda tener consecuencias funestas. Otro axioma de esos mismos sabios es ese en el cual aseguran que los seres humanos hemos sido creados por Dios y estamos sometidos a su entera voluntad, sin embargo por una razón que ellos no explican, según se ve gozamos de libre albedrio para comportarnos como mejor nos convenga, de manera que delante de una acción cualquiera si actuamos de malas maneras, es decir, si por nuestra acción causamos algún daño a quien sea persona o propiedad, toda la culpa será nuestra, por lo cual deberemos ser castigados en la vida por los jueces terrestres y después de muertos por Dios que es el juez supremo, porque en virtud  del libre albedrio del cual Dios nos ha provisto y del cual gozamos, podríamos libremente haber optado en vez de causar daño hacer el bien, y está claro que voluntariamente no lo hemos hecho.

         Bien, veamos estos dos conceptos o axiomas. Respecto al primero, yo creo que él no decir o esconder la verdad no es exactamente decir la mentira, pongamos por ejemplo que un día vemos la mujer de nuestro mejor amigo en situación equivoca  o en los brazos de  otro que no sea él, si nuestro amigo nos pregunta si hemos visto a su mujer y le decimos: Pues no he estado al tanto, no te puedo decir. En realidad no estamos mintiendo, estamos omitiendo o escondiendo la verdad que no es lo mismo. Si a nuestra casa llega un amigo judío perseguido por  la Gestapo y esta se presenta y pregunta si el judío está en casa: Que debemos decir? En honor a la verdad debemos decir que si? Existen miles de razones para no decir o disimular la verdad.

          La mentira es otra cosa. Mentir es decir delante un público que no nos conoce, por ejemplo que durante el servicio militar ascendimos hasta ser capitan por ejemplo, o que cuando éramos jóvenes las chicas se nos rifaban, o que en nuestra casa solariega teníamos seis criados y tres doncellas; cuando la realidad es que no fuimos a la mili porque no dimos la talla, que nuestras conquistas femeninas se limitaban a las chicas de los prostíbulos previo pago, y en nuestra casa no teníamos ni cuarto de baño, hacíamos nuestras necesidades en la cuadra y nos limpiábamos el trasero con papel de estraza. Eso es lo que podemos llamar mentira; porque la mentira no es mentira más que cuando con ella se pretende alcanzar algún beneficio, sea este del género que sea.

         Lo del libre albedrio también tiene su aquel, y por encima de lo que digan esos eminentes sabios, yo que no soy nadie y que no quiero en ningún caso polemizar, mejor creo en el determinismo, aunque esto también sea una teoría filosófica según algunos.

         Yo no creo que nuestro sino este establecido desde el preciso momento de nuestra concepción, no hay nada preconcebido, el individuo nace y medra en un sentido u otro según el entorno en el que se encuentra.

          Es decir que el ambiente educacional o ambiental en el cual se desarrollan nuestras vidas desde nuestro nacimiento determina en muchísimas ocasiones nuestra actitud durante el transcurso de nuestra existencia.

         Veamos por ejemplo: Cuando yo era niño, igual que en muchas casas de mi pueblo, engordábamos durante varios meses uno o dos cerdos, y todos los años cuando llegaba el mes de noviembre se celebraba la matacía que en algunos lugares llaman “pele porc”, los cerdos bien cebados se sacrificaban en mitad de la calle, delante la puerta de casa, aquello era un espectáculo tremendo al cual todos los chicos del barrio acudían para estirar la cola o rabo, o para sujetar  la pata del cerdo que chillaba como un condenado que era; el momento de máxima expectación y jolgorio llegaba cuando el matarife armado de un terrorífico gancho, después de arrastrar con la ayuda de varios hombres enganchado por el cuello al cerdo, entre todos lo inmovilizaban encima de un rustico banco, y allí el ejecutor con increíble sangre fría haciendo caso omiso de los berridos del cerdo le clavaba al pobre bicho un enorme cuchillo en el pescuezo haciendo brotar inmediatamente un chorro enorme de sangre que una mujer, arremangado el brazo hasta el codo  meneaba fuertemente con la mano en un barreño, con el fin de que esta no se coagulara, luego se socarraba el cadáver y después una vez rascado y lavado se descuartizaba allí mismo. Hoy en todos los países de occidente esas prácticas por razones de higiene o por otras causas están prohibidas y lo que a los muchachos de mi época lejos de causarnos el menor trauma nos alborozaba, hoy si algunos chicos vieran aquellas mismas escenas sangrientas se desmayarían.

          Los niños que nacen en un barrio periférico de Dakar, Bogotá, Casablanca, Lima, Méjico, Bombay, o incluso de Madrid o Paris, no tiene el mismo concepto del bien y del mal que los niños que nacen en los barrios ricos de esas mismas ciudades, porque el entorno ambiental o educacional no es ni de lejos el mismo y eso determina en el individuo sus actuaciones presentes y casi siempre futuras, simplemente porque mientras los unos tienen sus necesidades, incluyendo las mas superfluas que podríamos llamar caprichos, cubiertas desde su nacimiento hasta el fin de sus vidas, los otros, si antes no han muerto o han sido abandonados, a la edad de tres o cuatro años tienen que buscarse la vida para seguir subsistiendo aunque sea comiendo de la basura que tiran los primeros en este mundo desigual; mundo creado según los filósofos por un Dios bondadoso del cual todos somos hijos por igual.

         En un anterior escrito decía yo, que no soy nadie, que los filósofos como los frailes, políticos, papas, popes y gurús de todas las religiones son como esas plantas parasitas sin fruto alguno, que se agarran a los arboles y chupan afanosamente su sabia haciéndose robustas y fuertes, mientras la madre que los mantiene va perdiendo fuerza y acaba por perecer.

         Con el fin de distraernos y relajarnos un poco os contaré la historia del tonto Torcuato que no era tonto congénito como todos sus paisanos creían, si no un tonto advenedizo o prefabricado.         

EL TONTO TORCUATO

         El consenso entre todos los habitantes de un pueblo sobre una realidad es impensable, podríamos decir que es una utopía,  por lo menos o por lo que yo sé, hasta ahora jamás ha ocurrido en ninguna parte del mundo. Sin embargo en Val de Pucheros, localidad de la provincia de Toledo, con un censo aproximado a las dos mil trescientas veintidós almas o vecinos, todos ellos sin excepción por supuesto tontos de remate; vean ustedes por donde, unánimemente todo el mundo estaba de acuerdo en decir que Torcuato Andana era además de ser como todos ellos tonto acabado, también era tonto congénito; y como casi siempre, con respecto a esta aseveración todo el mundo estaba equivocado; porque, que Torcuato era muy tonto, eso saltaba a la vista y no cabía la menor duda; Torcuato era tonto de remate; pero no era tonto congénito como sus paisanos decían, sino que era tonto advenedizo que cambia mucho como veremos seguidamente.

         Cuando nació Torcuato era extremadamente listo, solamente decir que aún no llevaba en el mundo de la luz ni siquiera dos horas, y sin que nadie le hubiera enseñado para nada, Torcuato que todavía no se llamaba así  porque no estaba bautizado ni presentado en el juzgado, por propia iniciativa ya estaba agarrado en el pecho de su madre y mamaba como si llevara años haciéndolo. Esto es la prueba evidente de que Torcuato no nació tonto si no que fue el entorno ambiental o educacional, lo que podríamos llamar filosóficamente el "determinismo" lo que contribuyo a crear la tontez de Torcuato.

         Unos meses después de nacer, a Torcuato, que para más inri  le llamaban Torcuatín, le cambiaron la hermosa teta de su madre, aquella ubre amable y caliente en la cual Torcuatin  hundía su carita mientras succionaba la rica, templada y nutritiva leche materna por un anónimo y adusto biberón, haciéndole creer que ese artilugio al cual todo su entorno llamaba cariñosamente BI BI era mejor que la teta de su madre; Torcuato no estaba de acuerdo y exprimía su desagrado llorando y pateando como un descosido, pero como todo el mundo a su alrededor estaba de acuerdo en decir que el BI BI era muy bueno, ante este común acuerdo de sus progenitores y familia al completo, atenazado por el hambre, Torcuatin resignado aceptó a tragar aquella especie de leche, que nada tenía que ver con la que salía por aquel divino conducto materno. A partir de aquel fatídico momento biberonal Torcuato no volvió nunca más a ver el generoso pecho de su madre. Aquella unánime decisión familiar tuvo la virtud o mejor dicho la desgracia de crear una pequeña nube en el hasta entonces despejado cerebro de Torcuato anulándole varias neuronas.

         Así  pasaron tres años y todos aquellos que conocían por primera vez a Torcuato convenían en decir que el niño era espabilado a no poder más; porque el niño a pesar de aquella pequeña nube, a la edad de tres años se sabía de memoria alfabéticamente todos los pueblos de la provincia de Toledo, además de varios cuentos, poesías y numerosas canciones.

          Pero la vida avanza y a la edad de tres años y medio su madre lo llevó cogido de la manita a la escuela maternal de las monjitas dominicas; allí le enseñaron a rezar y también le enseñaron a ser bueno y obediente, porque los niños buenos y obedientes según sor Teresa de la Anunciación cuando dejaran este mundo por voluntad del Creador de todas las cosas irían al cielo con El y los santos; en cambio los niños malos y traviesos irían a las calderas de aceite hirviendo del infierno, porque Dios premia a los buenos y el diablo tentador está  en el mundo para tentar y pervertir a los niños. Todo este cacao mental incidió de forma negativa en el casi despejado cerebro de Torcuato é inmediatamente se dieron de baja un puñado de neuronas.

         Cuatro años después los padres de Torcuato con la complicidad de los abuelos maternos, que pagaban el traje de marinerito, y paternos que pagaban el convite, decidieron que el chico hiciera su primera comunión. Torcuato acudió regularmente a la catequesis, aprendió el catecismo de memoria e hizo su primera comunión muy bien vestido; sin embargo aquel cumulo de inútil sapiencia adquirido en la catequesis ocupo un sitio importante en su cerebro con lo cual otro importantísimo montón de neuronas quedaron anquilosadas.

         A la edad de dieciséis años dejó la escuela sabiendo leer, escribir con algunas faltas de ortografía, una muy confusa idea de algunas disciplinas como las matemáticas y la geometría y sobre todo la historia, las cuatro reglas, aunque en la división por cuatro cifras Torcuato se hacia la picha un lio, seamos benévolos y comprendamos que sus anquilosadas neuronas no dieron para más. Fue entonces cuando toda su familia y entorno le dijeron a coro por activa y por pasiva; “que el trabajo dignifica, honra, ennoblece y no sé cuantas cosas más” el adolescente  Torcuato Andana Sarmiento, que del colegio había  salido hablando claro y conciso, bastante disminuido neuralmente  o intelectualmente deteriorado que viene a ser lo mismo, lo de la dignificación, ennoblecimiento y todas las demás cosas lo creyó a pies juntillas y sin pensárselo más  empezó a trabajar de aprendiz en un taller de carpintería y ebanistería, en donde pasaba horas enteras calentando al baño maría en una vieja cacerola la pestilente cola de conejo y desdoblando clavos, ante la monotonía de esa ocupación, otro grupo de neuronas que había resistido a toda la sarta de mentiras durante dieciséis años y por lo tanto se creían invencibles, no pudiendo más se dieron por vencidas y se apuntaron al paro.

         Cuatro años después cuando Torcuato Andana en la carpintería ya era operario de segunda, fue llamado a filas para servir a la patria cumpliendo su servicio militar. En el cuartel le dijeron que servir a la patria es lo más grande que hay en el mundo, porque la patria era su segunda madre y que había que defenderla hasta verter su última gota de sangre si preciso fuere, etc. etc.

         Cuando Torcuato llegó a su pueblo después de haber cumplido el servicio militar solamente le quedaban trece o catorce neuronas medio activas las otras se habían atrofiado por las enseñanzas militares, por el tabaco y por el vino a los cuales para demostrar que era un valiente y leal soldado, hombre de pelo en pecho se había acostumbrado en la cantina del cuartel.

         A esas alturas de su vida, Torcuato que había nacido más listo que el hambre, ya se le podía considerar sin miedo a equivocarse como tonto profesional o de remate. Poco después ya con la tontura por montera se hizo socio del club de futbol de su pueblo, se buscó una novia tan tonta como él y se casó como hacen todos los tontos, y ya para acabar, a instancias de su mujer que era beata y llevaba hábito por cualquier chorrada, si sería tonto que se hizo hermano de una cofradía de esas que van tras la procesión fustigándose la espalda con un cilicio.

          Ni que decir tiene que las trece o catorce neuronas que todavía emitían de vez en cuando algún señal de vida inteligente se amuermaron y desde hace cuatro años Torcuato que en la actualidad no tiene más que veintinueve, actúa por instinto animal de conservación, trabaja, fuma, come, bebe, paga a plazos casi todo, duerme, hace el amor cuando su mujer le deja, juega a las cartas y pierde; su mujer ya ha parido tres hijos y otro que está en camino, le gustan los toros y es del Logroñés.

         Ya ven ustedes que los habitantes de ese pueblo estaban equivocados. Torcuato no era ni es tonto congénito. Torcuato era y es, porque todavía vive, un advenedizo, un tonto prefabricado víctima del determinismo.

Otro día os hablaré de otra cosa

También muy graciosa que yo solo sé, ole.

Jaime

Hay que joderse. Que tonto es el mono humano.